Y cuando pensaba que ya no tenía más bodas…

Y cuando pensaba que ya no tenía más bodas…

Se han acabado las bodas por este año…. O al menos eso pensé yo al ver la fecha en la que estábamos (14 de septiembre) y que no tenía más eventos a la vista, hasta esta mañana. Una prima mía lejana, muy lejana, al estilo del “far, far away” de los cuentos de hadas, se casa el mes que viene en Córdoba. No sé por qué pensaba que me había librado de esa boda pero, por lo visto, nop, nada de eso.

Ahora bien, tengo muy claro que no pienso gastarme dinero. Llevaré el traje de la boda de mi amiga Ana que se casó en agosto y punto… bueno, no sé… porque igual el mes que viene en octubre hace frío, y tendré que buscar alojamiento para un par de días allí, y también tendré que hacer un regalo… y…. ¡ME CAGO EN TO! A la porra otra vez mis ahorros.

Si es que no salgo de Málaga y me meto en Malagón. Me había recuperado un poco de la boda de Ana y me aparece la prima esta que no conozco a penas de nada pero a cuya boda no puedo faltar porque si no mi madre me sacaría los ojos de las órbitas y me desheredaría. En fin….

Ahorrando

Visto lo visto, como no me voy a poder hacer ninguna escapadita en el Puente del Pilar, he pensado que igual es buen momento para conocer Córdoba. Me quedaré tres o cuatro días en lugar de solo uno para la boda y dedicaré un poco el tiempo a hacer turismo. Quiero ver la Mezquita, el Alcázar, la Sinagoga, el templo romano, el Palacio de Viana y de la Merced… Espero que me dé tiempo a todo.

Pero también hay que pensar en el regalo porque como económicamente no puedo hacer muchos dispendios ya aprendí con las bodas de mis amigos que a veces quedas mejor haciendo algo “especial” que regalando un par de billetes de cincuenta. Igual hago lo mismo que en la boda de Ana, le regalé estas letras gigantes de corcho para bodas con sus nombres e hice que se las mandaran al restaurante el mismo día sin que lo supiera nadie. Luego les mandé una postal diciéndoles “¿Os gustó vuestro detalle de bienvenida al restaurante?” y lo pillaron enseguida. Quedé genial. Ahora sólo tengo que averiguar cómo se llama el novio, porque no tengo ni la más remota idea.

Alojarme no sé dónde me alojaré porque he intentado que me pongan una cama supletoria en la habitación de mis padres para no pagar nada y me han dicho que es sólo para niños menores de 12 años. ¡Qué discriminación! ¿Qué más les dará a ellos quién duerma en la cama si es el mismo servicio y ocupa el mismo espacio?

El caso es que si no puedo ahorrarme un dinerito alojándome con ellos prefiero buscarme la vida yo sola porque se van a un hotel pijo y yo me conformo con algún hostal mochilero. Así igual hasta vivo una aventura ¿no creéis?