En esta ocasión quiero hablar sobre la regla y las braguitas menstruales. Lo cierto es que sentarse a redactar sobre la regla hace acordarme de cuando iba al instituto, puesto que era algo incómodo. La menstruación, eso sí, es algo tan natural como el poder respirar, pero sí que es cierto que durante bastantes años se vivió como un problema propio de la logística.
Hablamos de las compresas que se movían, los tampones que irritan o ese cálculo de ¿cuánto tiempo queda? Justo es donde entraron las braguitas menstruales, ese tipo de prendas que prometen la absorción, protección y que permiten dejar que vivas tu ciclo sin necesidad de dramas.
No hablamos de un gadget futurista, estamos ante ropa interior normal que lo que hace es retener sangre. Lo más interesante es que son confortables, se pueden reutilizar y son ecológicas. Por este motivo, si te harta la rutina de todos los meses, vamos a conocer más sobre las razones por las que muchas mujeres optan por ellas.
Un caso cercano
Una amiga de mi pareja comenzó a usarlas hace tres años, cerca de los cuarenta, cuando la regla pasó a ser algo más impredecible. En un principio era bastante escéptica, pero lo cierto es que, después de algunos lavados, pasaron a ser parte de su ropa diaria. Al final encontró algo que le funcionaba. Lo que está claro es que cada persona es libre de sentirse más o menos cómoda, pero contar con información clara es la primera victoria contra los tabúes.
¿Qué son las braguitas menstruales?
Para saber más sobre ellas, hemos querido preguntar a los profesionales de Libertad Menstrual, los cuales nos han confirmado que son unas braguitas normales, pero realizadas en algodón orgánico, que cuentan con goma elástica y costuras planas, pero que tienen una entrepierna reforzada que absorbe.
Esa capa interna, que puede estar hecha de microfibras técnicas o de bambú, puede retener hasta 40 ml de flujo. Además, dispone de una capa impermeable que evita manchas, y donde la exterior transpira para no sudar. No tiene químicos ni perfumes, son hipoalergénicas y pH neutro, siendo perfectas para pieles sensibles. Se pueden clasificar por absorción: ligeras, medias, abundantes o totales.
La tecnología es bastante sencilla, pero muy efectiva; lo que sucede es que las fibras capilares se encargan de succionar la humedad hacia el núcleo absorbente, donde es capaz de coagularse sin que haya olor. Así se bloquean bacterias, lo que reduce las infecciones que dan las compresas baratas. Duran bastante, si se cuidan bien, hasta tres años.
¿Qué es lo que se siente de verdad?
Lo cierto es que muchas mujeres dicen que la primera vez es algo raro. Puede parecer que son finas como unas normales y se olvidan de que las llevan. No existen alas que se despeguen ni cordones molestos. En unas pocas horas, dicha ligereza se nota bastante, puesto que hay menos rozaduras. Esto hace que muchas mujeres digan adiós a cambiarse cada dos horas en el trabajo.
Cuando hay flujo abundante, cambia el juego. Las que tienen alta absorción evitan situaciones. Muchas mujeres las combinan con copa en los días más críticos. No hay olores si se lavan bien; el secreto es enjuague frío inmediato y poner la lavadora a 40 grados sin suavizante. Se secan en un día y se pueden volver a poner.
En el caso de las chicas jóvenes o que tienen piel atópica, son bastante adecuadas, ya que no hay lejías en tampones ni plásticos pegajosos. Cuando hay menopausia o pérdidas de orina, las ligeras salvan el día.
¿Qué ventaja hay además de confort?
La primera y más evidente es la salud. Hay estudios de ginecólogos que han destacado que reducen de manera importante las irritaciones y la dermatitis por no rozar las mucosas. El algodón orgánico lo que hace es evitar alérgenos.
- A nivel ecológico, son un gran acierto. Hay menos plásticos en los vertederos y se produce una menor desforestación debido a la celulosa. Muchas marcas utilizan materiales sostenibles, y el lavado equivale a dos cargas extras mensuales, algo que es insignificante frente a toneladas de basura.
- A nivel económico, son fáciles de amortizar, puesto que duran más que las normales y al final casi se gasta más en compresas. Son reutilizables, por lo que se pueden lavar, usar y repetir.
- A nivel estético, lo bueno es que las hay de muchos tipos, de slips, culottes, bikinis, estampados o deportivas. Todas ellas se adaptan a cuerpos reales.
¿Cuáles elegir? Guía para no fallar
Todas no valen lo mismo. Lo mejor es probar según el flujo. En cuanto a los materiales, los más indicados son el algodón o bambú para una mayor transpirabilidad, evitando los sintéticos baratos que huelen. Las costuras deben ser planas y gomas sin látex. Las marcas españolas destacan por adaptarse al cuerpo de nuestra tierra.
¿Cómo se pueden cuidar para duren eternamente?
El ritual es sencillo:
- Se debe enjuagar en frío cuando te la quites.
- Bola de malla a lavarse
- Se seca al aire, no con secadora
- Evitar el uso de lejía o plancha directa.
Cuando se desgasten, es bueno reciclar el textil y, para la limpieza extra, se aconseja vinagre blanco.
¿Inconvenientes?
No hay nada perfecto; el lavado puede molestar si viajas ligera, por lo que se recomienda llevar dos pares de recambio. Cuando hay flujo extremo, es necesario combo con copa. Lo mejor es optar por marcas que tengan certificaciones. Si odias lavar las reutilizables o prefieres desechables por confort absoluto, lo mejor es pasar.
El futuro, la innovación que suma
Existen braguitas que tienen sensores de flujo, versiones posmenopáusicas o tallas inclusivas. Las marcas españolas son líderes en sostenibilidad; lo mejor es optar por el algodón 100% reciclado.
Las braguitas no van a eliminar la regla, pero generan menor basura, menos gastos y proporcionan una libertad mayor. Lo mejor es probar un pack. En el caso de que no te acaben de convencer, puedes devolverlas. De todas formas, seguro que te terminarán convenciendo. Hay que tener claro que la regla no es ninguna enemiga; solo se necesita contar con las herramientas más adecuadas.