No tires los condones por el wáter

No tires los condones por el wáter

¿Quién no ha tenido alguna vez un momento de esos de pasión cuando más prisa tenía quizás por ir a trabajar o acudir a alguna cita con los amigos o con la familia que no podía retrasar? Seguro que muchos de vosotros os sentís identificados y respondéis de forma positiva a esta pregunta. Pues bien, espero que vuestra experiencia no hay acabado tan mal como la mía, que tuve que llamar a los profesionales de Limpiezas Limsa para que viniesen a limpiarme la fosa séptica y a desatascar las tuberías de mi casa. Eso sí, al menos su trabajo ha sido de lo más profesional, rápido y eficiente, y no han dicho nada acerca de lo ocurrido en mi casa para no sonrojarme.

Y es que varias veces me ocurrió las pasadas Navidades que tuve de estos momentos de rápida pasión con mi novia. Siempre había que salir corriendo para una comida con la familia, para la cena de empresa, para comprar los regalos de las fiestas… No teníamos apenas nada de tiempo para estar juntos. Pero es que mi novia vive en Italia durante el año, a donde tuvo que emigrar porque no encontraba trabajo de lo suyo en España. Allí es enfermera y le pagan bastante bien, y como mi trabajo sigue estando en Madrid, continuamente estamos de viaje. Pues bien, en Navidad es una de las pocas veces en las que podemos echar más días juntos después de las vacaciones de Semana Santa y de las de verano, así que intentamos aprovecharlas al máximo y estar mucho tiempo juntos, con sus momentos de sexo incluidos.

Al agua patos

Hasta aquí todo correcto. Pero el problema es que en esos días en que lo teníamos que hacer tan rápido por los compromisos que teníamos después a mí no se me ocurrió otra cosa más que tirar los condones que usaba por el retrete. Sí, una estupidez como un piano. Pero al ver que lo había hecho un par de veces y que no ocurría nada malo, que se iban cuando tiraba por la cadena de la cisterna, seguí haciéndolo más y más. Debía de ser que llegar hasta la cocina para echarlo en el cubo de basura se me hacía lejos y perdía tiempo de acariciar o dar besos a mi tan extrañada novia.

El caso es que un día aquello dejó de funcionar bien, y cada vez que tiraba de la cadena el agua subía hasta la parte de arriba del retrete, casi desbordándolo, de forma que tuve que llamar al fontanero y me dijo que había un tremendo atasco en las tuberías del que él no podía hacerse cargo porque no tenía los materiales suficientes, así que él mismo me recomendó que llamase a la empresa Limpiezas Limsa para que hiciesen el trabajo de limpieza de tuberías y de la fosa séptica. Y como os podéis imaginar, lo que había atascado todo aquello eran los condones de mi peregrina idea de no perder tiempo, que junto con otros productos de uso frecuente tampoco se pueden echar por el baño.

En definitiva, yo he aprendido la lección y espero que no os ocurra lo mismo a vosotros.