El amor te da alas a ti, ¡pero no a tus muebles!

El amor te da alas a ti, ¡pero no a tus muebles!

Me mudo de casa, de ciudad y de región dentro de nada. Tengo de hecho, ya contratada para ello a Mediterráneo Exprés, una empresa de transporte de muebles que trabaja tanto para los profesionales, ofreciéndoles unos servicios de logística integral, así como para los particulares, a quienes propone incluso un servicio de montaje de muebles una vez que éstos hayan llegado a su lugar de destino si los clientes lo desean. ¿Por qué me traslado a otro lugar? Os cuento… Yo era muy escéptica en lo referente a todos estos sitios web de citas en los que podías charlar con personas del otro sexo, hacer amistad e incluso llegar a veces a algo más. Enamorarte de una persona de esa forma me parecía sencillamente imposible.

¡Un cuento chino! ¡Pero mira tú por dónde así fue precisamente como conocí yo al chico que se convertirá en mi esposo el mes que viene! Nunca digas: “de este agua no beberé, ni este cura no es mi padre”, porque a menudo acabas haciendo exactamente todo lo contrario… Pues sí, voy a dejar la costa mediterránea para trasladarme al norte por amor. Empecé a chatear con Carlos casi de broma. Me inscribí en efecto en una de esas páginas web después de un reto. ¡Sí, sí! Estábamos de cachondeo mi amiga Carla y yo, cuando de repente me soltó: “¿no te atreverías en apuntarte a un sitio web para conocer a nuevos chicos?, ¿verdad?”, y yo, gallarda, la miré fijamente a los ojos y sin pestañear le contesté: “¡una cena seguida de un spa en el lugar más chic y caro de la ciudad que me inscribo!”. Accedió, y así fue como empezó todo…

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Sólo los imbéciles no cambian de opinión

Hay un refrán que dice que “sólo los imbéciles no cambian de opinión”, y debo admitir que de nuevo la sabiduría popular lleva toda la razón del mundo. ¡Por algo se le denominará sabiduría popular! En fin, la cosa es que tras el reto lanzado por mi amiga, me inscribí en una de esas páginas web de citas para personas solteras y empecé a mirar perfiles. Navegando, caí de pronto sobre la foto de un muchacho un poco mayor que yo que me agradó. Parecía guapo (porque por mucho que diga la gente, es lo primero en lo que te fijas, ¡no seamos hipócritas!), tenía una mirada un tanto tímida pero unos ojos verdosos preciosos y una sonrisa encantadora. Llevaba una barba cuidada, y a mí siempre me han chiflado los hombres barbudos, decía por otra parte llamarse Carlos y dedicarse a la enseñanza, era profesor de filosofía en un instituto. Me pareció un chico interesante, pues que fuera un mínimo culto y un gran pensador además de estar bien parecido me moló. Con ello, añadió mi amiga guiñándome del ojo, se llamaba igual que ella, pero él en su versión masculina.

Eso era un signo, no podía ser una mera coincidencia. Y nos pusimos las dos a reírnos a carcajadas… Le mandé entonces un mensaje en el que le proponía chatear para el día siguiente después de las 19:00 horas, hora a la cual solía yo llegar a casa, y me presenté brevemente. A los diez minutos me percaté con alegría de que ya había contestado a mi mensaje y que estaba de acuerdo en conectarse para el día siguiente y a la hora prevista. “¡Qué guay!”, pensé satisfecha, pero enseguida me vino a la mente que quizá el chico era un ligón empedernido y que chicas que hablaran con él, al igual que yo, debía de haber un montón. Pero en fin, él era gallego y yo valenciana, y esto era sólo un juego que no nos llevaría muy lejos… Poquito a poco, sin embargo, Carlos y yo nos fuimos conociendo cada vez más gracias al chat. Cuando salía de mi trabajo, lo primero que ansiaba era encender el ordenador para conversar con él. Con el paso del tiempo, nos dimos cuenta de que compartíamos muchas aficiones y gustos, y que nuestra visión de la vida era muy similar.

Decidimos un día pues vernos cara a cara. Aproveché un largo puente para desplazarme hasta Galicia y conocerle en persona. ¡Wau! ¡Era todavía más guapo y majo “de verdad”! ¡El flechazo fue instantáneo! Después de este primer encuentro, los viajes fueron cada vez más frecuentes, tanto por su parte como por la mía… Y aquí me tenéis año y medio más tarde, a punto de casarme con él y habiendo contratado a la empresa Mediterráneo Exprés, para que ésta transporte mis muebles hasta el que será mi nuevo hogar. ¡Lo que son las cosas! Internet…